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Mostrando las entradas de septiembre, 2020

ME SOY (Lu Cía - HONDURAS).

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  En sí me soy una larga lista de palabras que vienen y van que gritan y desaparecen que gritan de nuevo y otras desaparecen del todo para siempre. En sí no me tengo sexo de presentación. Mi desnudez no me es secreto en sí, tampoco me es un espejo impuesto. Mi cabello depende del tiempo y de historias cenizas que trepan la memoria Mis labios, mi ánimo Solamente. Mi cintura no tiene talla y mis piernas sirven para andar. En sí me siento libre de crear y solo crear de vivir y de sentir y de crear y solo crear. En sí no nací con ningún camino diseñado nací viendo al cielo iluminando mi nombre. En sí no quiero un trabajo mientras descanso no quiero un sacrificio a cambio de otro sacrificio no quiero un pacto naturalizado. En sí quiero serme palabras que nacen de mi sangre nombrarme desde adentro palabras acariciadas en mi pecho. En sí me encuentro rebelde monstruosa disidente. En sí me present...

GROUPIES A LA DERIVA (Francisco Valenzuela Saravia - CONCEPCIÓN/CHILE).

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El más kitsch de los lastres desparrama en el suelo todo su orgullo, sus brazos tiritan / sostienen la miseria, crueles expectoraciones no le perdonan el que se dejase embobar por unos cuantos comprimidos, formas crasas / descompuestas mal florecen en su capilar como incrustaciones regurgitadas del (des)trono (W.C.). David Bowie indolente se esconde -en el reverso de la polera-    asqueado tras los bizcos tacos rotos relegan a piso toda esta bulimia   / todo este desastre de ronchas y rasmillones, famélico espectáculo para un sinfín de burlones que poco y nada reparan en el trajín del despecho los abusos cometidos por el último roquero de obsesión.

20 DE JULIO (Felipe Osorio Vergara - MEDELLÍN/COLOMBIA).

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       La calle estaba vacía, solo la acompañaban las banderas de Colombia izadas en las casas. El supermercado estaba a la vuelta de la esquina. Escuchó el traqueteo de una moto a lo lejos, sintió miedo. Se acomodó el tapabocas y aceleró el paso. Tres proyectiles silbaron. El tapabocas se tiñó de escarlata, la calle se convirtió en patíbulo. Nadie volvería a reclamar esas tierras. «Lista la vuelta» musitó un joven mientras besaba una estampita de María Auxiliadora y se enfundaba en su jean un revólver corto. El rojo de las banderas izadas combinó con el color de la escena.

ANIMAL (José M. Delgadillo - SAN LUIS POTOSÍ/MÉXICO).

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  Animal se lame las heridas, observa cuánto falta por llegar, casi no hay oxígeno ya, la brisa es caliente, pero todos sonríen, se acostumbraron a la muerte. Es cotidiana, la aceptaron de forma que fingen no tenerle miedo, aunque las comisuras de sus labios expresen lo contrario. Bailan sin sentido. Responden alegres a cualquier estimulo, aunque sea doloroso. El sol está tan cerca que ha quemado los órganos llenos de sangre mientras la mayoría fingen que no los necesitan. Algunas piedras escupen agua. Últimas convulsiones. Mañana se olvidó por qué no lo hay y los vientos se esfuerzan por empujar los cuerpos sin vida hacia el barranco. Los cuerpos danzan ante el fuego. Y el animal bajo la última sombra lame sus heridas.

SIRENITA NO CAE EN LA RED DEL PESCADOR (Silvia Favaretto - VENECIA/ITALIA).

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  SIRENITA NO CAE EN LA RED DEL PESCADOR   Sueñas si crees que renunciaré a mi voz sueñas si crees que me quedaré callada. Sueñas si crees que rehusaré a mi mundo a mi familia a mi identidad. Le llamas amor pero sólo sería tu presa.   Tomada de “Este cuento no se ha acabado”, Morgana Ediciones, México, 2019.

EL FARO (Santiago Duro - CDMX/MÉXICO).

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     Deslumbra el antiguo faro cubriendo de una sustancia acogedora aquella noche tan fría. Ves hacia arriba y notás su resplandor y apenas más; recordás la tibieza del estudio de Alicia, el piano y el enorme librero: cuántos libros, cuántas palabras. Te preguntás qué habrá sido de su hermano (porque ella, claro, está bien, trabajando como siempre y haciendo su vida), el pequeño muchachito que nunca se eximía a sí mismo del sufrimiento; de esas personas constantemente privadas de paz, qué martirio, pobre. Algo distinto tenía, lo sé. Yo creía y creo en él, en su forma de ver el mundo, así como yo veo este faro tan solitario, tan faro, bruma taciturna, víctima de los vientos árticos, encunado en la ciudad austral de mi infancia, de mi infinita nostalgia. No sé si veo la foto o lo veo en verdad ahí, quieto, mirándome mirarlo, doble reflejo del reflejo, de la proyección consensuada. No te busco más, Alicia. Te recuerdo, sí, pero ahora vivo mi vida. Ya no estás en la brisa d...